El cuarto vector

Eduardo Preuss, ya en su casa, rodeado de cuadros de fotos familiares, en un rincón del cuarto se acomoda junto a su escritorio. Por la ventana ve el cielo despejado, aves volando. Suspira y en su rostro crece una sonrisa. Abre uno de sus cajones y entre sus pertenencias, en el fondo, encuentra una roca, una de miles que le dieron la bienvenida meses atrás en Chaitén.

Eduardo se coloca sus lentes y se sienta en la silla que está delante de su escritorio.

Saca una pluma y una hoja en blanco. Empieza a escribir, pone como título “Una nueva propuesta, el cuarto vector”.

Eduardo con su mano derecha ya cansada, deja la pluma al costado de su manuscrito. Busca un clip de carpeta entre los cajones de su escritorio y asegura todas las hojas que ha acabado de escribir.

***

En Viña del Mar, Eduardo está en el escritorio de su casa. Sin ruido en el lugar, trabaja en su computadora mientras toma una taza de café. Alguien toca el timbre de la casa, escucha el sonido de una campaña, levanta la cabeza y los ojos y mira la entrada. Abre la puerta, el cartero lo saluda, le muestra un paquete, le pide su firma, Eduardo signa, recibe el envío y cierra la puerta. Se sienta en su sofá, abre el paquete y dentro viene una revista de nombre “Revismar”.

Eduardo ve en la parte inferior de la portada el título “Una nueva propuesta, el cuarto vector, vector nacional… ¿Estaremos preparados?” y debajo su nombre “Eduardo Preuss Levancini”. En el rostro de Eduardo se ve su sonrisa, se para y se dirige al librero de su sala. En uno de los espacios coloca la revista de pie, al costado de una roca que tiene una transcripción que dice “Volcán Chaitén 2/05/08”.