UNA NOCHE ENTRE ESCOMBROS

Moira (21), en el avión, está revisando una REVISTA de deportes acuáticos que se pueden realizar en Juan Fernández mientras que su abuela Allison (72), inquieta, revisa la hora cada cinco minutos con las manos sudorosas y la mirada fija al frente. Moira le enseña a su abuela la revista de deportes acuáticos invitándole a probar alguno, pero Allison no le toma interés y le dice que no va a participar en esas actividades porque le tiene miedo al mar. Moira le responde con una sonrisa tierna y le dice que va a estar rodeada de mar. Alison le recuerda que le tiene miedo al mar y que lo respeta mucho. Moira toma la muñeca de Alison y le reclama diciéndole que tiene una ola tatuada y que le tiene miedo al mar a la misma vez.  

El avión aterriza en una pista muy pequeña, pues la isla no tiene lugares planos. Al bajar del avión, Matías (34), hijo de Allison, los espera, él les sugiere rodear la isla hasta llegar a la Bahía de Cumberland, donde tiene su cabaña y su yate. Moira se ve entusiasmada por todas las actividades que su tío dice que se pueden hacer, como subirse en motos acuáticas y practicar scuba diving. Mientras tanto, Allison luce indiferente, observa la serenidad de las olas, pero les tiene desconfianza. Al llegar al hospedaje, no hacen más que acomodar su equipaje y descansar.  

Al día siguiente, después de un día de playa, Moira se levanta desde muy temprano y se viste para ir de paseo al mirador de Selkirk con su tío. Allison prefiere quedarse en el hospedaje disfrutando del atardecer. Matías y Moira insisten en llevarla, pero se niega diciendo que se puede caer. Ambos deciden dejarla y en el camino conversan sobre los miedos de Allison y cómo tratar de ayudarle a superarlos. Ya en el mirador, su tío le muestra que desde ahí se puede observar la isla casi por completo. Al regresar, Matías toma su yate y parte hacia su cabaña que está en una pequeña isla apartada del archipiélago. Moira se debe quedar con Allison en el hospedaje para acompañarla, aunque le hubiese gustado dormir en la cabaña con su tío.  

El reloj de la habitación de Allison y Moria marca las 4:00 A.M. cuando tocan fuertemente la puerta de su habitación. Allison se levanta y abre la puerta medio dormida, observa a una mujer (41) con su hija (9), quien le da la noticia que en Valparaíso ha ocurrido un terremoto y que posiblemente llegaría un tsunami en la isla. Después del aviso, la señora y la niña salen corriendo y Allison ve que mucha gente le sigue el paso. Allison va en busca de una linterna y levanta a Moira. A Moira le cuesta despertarse y Allison la toma del brazo y la jala para salir del hospedaje. Moira la sigue, sin zapatos, y al escuchar un estruendo detrás de ella entiende lo que ocurre. 

En medio de la calle, corriendo sin mirar atrás, escuchan el ruido estremecedor de la ola que está a punto de llegar a ellas. El agua las golpea y las arrastra hasta la ladera de un cerro, en donde nadan contra la corriente para evitar ser aplastadas por los objetos que el agua está arrastrando. De repente, Moira logra agarrarse de un árbol, sin embargo, se percata que su abuela no está. Ella está desaparecida. Después de unos minutos, en los que el agua desciende, Moira se percata de una luz que parpadea a lo lejos. Con la esperanza de encontrar a su abuela, decide bajar de su árbol para acercarse a la luz. El agua le llegaba hasta la cintura. Con la respiración agitada y lágrimas en los ojos grita el nombre de su abuela y ella le responde: “Estoy bien, estoy bien”. Moira ve a su abuela trepada en un árbol y se acerca. Moira espera unos minutos hasta esperar que el agua baje. Luego, la anima a bajar, pero ella está en shock, prefiere quedarse en el árbol porque le da seguridad. Moira con mucha adrenalina le dice a su abuela que se aproxima una segunda ola. Alison baja y comienzan a correr hacia el cerro.  

     

En el transcurso, ven a dos hombres heridos pidiendo ayuda. Moira se detiene y trata de ayudarlos, pero su abuela no puede continuar sola, necesita la ayuda de su nieta. Moira ve que la ola está más cerca y sigue su camino porque quiere salvarse junto a su abuela y no puede hacer algo más por ellos.  

Llegan a la montaña, Moira voltea y no ve a los dos hombres que le habían pedido ayuda antes. Desde lo alto, los busca con la mirada. Al cabo de unos minutos, entiende que no lograron sobrevivir. Ahora su prioridad es su abuela y su tío, quien está desaparecido.  

En la casa de refugio, casi a las 6:00 A.M., los propietarios les dan una casaca por el frío. Después de treinta minutos de haber hecho hasta lo imposible para poder sobrevivir, logran sentarse en un sofá dentro de la casa. Están en el mirador Selkirk, el mismo al que fue Moira con su tío. Ella, intentando consolar a su abuela por la desaparición de su hijo Matías, observa a todos los sobrevivientes del refugio con la esperanza de encontrar a su tío. Sabe que con la mirada no encontrará nada y deja a su abuela acomodada en un sofá y sale a buscarlo. 

Cerca de ella está un desconocido sin polo y temblando de frío. Le da su casaca (la que los lugareños le dieron) para que se abrigue. El joven observa que los pies de Moira están destrozados, le da sus sandalias y ella responde con una sonrisa.  

Moira baja del mirador y en el camino ve cuerpos sin vida que yacen en el suelo. Algunas personas están recogiéndolos, pero ella no puede verlos porque en sus rostros ve a los dos hombres que suplicaron su ayuda y no pudo salvarlos. Muchas caras se le hacen conocidas, parece que a todos recordaba y ahora están atrapados en los escombros. No tuvieron tanta suerte como ella y murieron. Ella puede escuchar en su mente los gritos de desesperación. Los ojos de Moira se cristalizan, pero sigue caminando. 

Una vez más mira a su alrededor con la ilusión de encontrar a su tío. De repente, un rostro llama su atención, “¿será Matías?, susurra. Con temor acerca la mirada, mueve el cuerpo y la esperanza de hallarlo con vida vuelve a ella. Es entonces cuando se percata de una niña con leves heridas en el cuerpo, de una anciana que sufre por el frío, de unos hermanos que lloran por sus padres y decide ayudarlos. Por unos minutos deja de lado la misión de hallar a su tío y se dispone a auxiliar a la mayor cantidad de sobrevivientes que pueda. 

… 

El agua contra su rostro despierta a Matías de un desmayo, sin poder explicar el desorden a su alrededor. Matías se pone de pie y se da cuenta que su casa está flotando en medio del mar. La corriente lo lleva de arriba a abajo con una rapidez increíble. Mira por una ventana rota que parece más un agujero y descubre que está lejos de la costa. Salir de la casa y regresar a tierra no es posible. De pronto, divisa un bote a la deriva. 

Las inseguridades y miedos de Matías quedaron atrás y se activó en él un instinto de supervivencia. Salta por la ventana hacia el mar y nada hacia el bote. Enciende el motor y lo dirige al puerto sin percatarse que había una radio en la cabina. Al fin se encuentra en un lugar seguro, bajo su control. Viste tan solo un bóxer y una polera; ya está rumbo a la isla, la adrenalina no le permite sentir el frío del aire y el agua. Mira el panorama y se percata del desastre tan grande: un tsunami azotó la isla. En ese momento piensa en su madre y en Moira, teme no encontrarlas.  

… 

Son un poco más de las 7:30 A.M y cerca de Moira se encuentra sentado en una silla el encargado del puerto (56), quien tiene una herida en la rodilla que no le permite ponerse de pie, Moira se acerca presurosa a socorrerlo. 

El encargado le agradece su ayuda. Moria le confiesa que se siente mal por no poder haber ayudado a las personas cuando se lo pidieron y ser egoísta.  

Los ojos se le llenan de lágrimas al contarle como no pudo salvar a dos hombres que le rogaron ayuda. El hombre coloca su mano en el hombro de Moira y levanta su mirada. 

Le dice que no fue egoísta, que, como todos, solo busco sobrevivir. Es el instinto. Y si ahora mismo está ayudando a las personas, no es tan egoísta como ella misma cree.  

Estas palabras conmueven a Moira y la tranquilizan, se limpia las lágrimas y muestra una ligera sonrisa. Sin embargo, la preocupación por tener noticias de Matías la encomiendan a su misión. Le comenta al encargado del puerto que su tío tiene una cabaña y un yate. El hombre le dijo que podían intentar comunicarse con la radio de los botes cercanos al puerto y que de repente su tío logró subir a uno. Se acerca a una mesa de control que difícilmente funciona y pide un estatus en clave. 

…  

Con cada segundo que pasa, Matías pierde la poca esperanza que le quedaba de volver a ver a su familia. Piensa en el tsunami y los pocos posibles sobrevivientes.  

Matías logra ver la isla. Sin pensarlo, salta al mar para llegar nadando. Susurra el nombre de Allison y Moira mientras nada. 

Estando ya metros alejado del bote, la radio comienza a sonar. Es el encargado del puerto, pidiéndole un reporte de situación. La radio suena tres veces y luego deja de sonar.  

… 

El encargado del puerto le dice a Moira que no hay respuesta de ningún bote cerca. Es ahí que lo da por muerto. Se despide del señor y vuelve donde su abuela que está en el mirador.  

Allison, por otro lado, está esperando a su nieta. Ella divisa a su nieta regresar sola y su rostro decae por completo. Entiende que su hijo estaba muerto.   

Moira llega y ve a su abuela. Allison le hace una seña con sus manos para que vaya hacia ella. Moira, sabiendo lo que le tenía que decir, se acerca cabizbaja. 

Allison solo la abraza. En silencio, nieta y abuela comparten el abrazo más largo que habían tenido. Eventualmente una que otra lágrima escapa de los ojos de ambas, como si la realidad finalmente las hubiera alcanzado. Moira estaba segura en los brazos de su abuela y solo alcanza a decir: “Abuela, tengo miedo”. Allison acaricia su cabello como cuando una madre calma a su hijo después de una pesadilla.  

Cerca de ellas, un grupo de personas que no habían sido fuertemente afectadas están organizando un desayuno colectivo. Otros llegan con la noticia de que la armada y algunas cadenas de televisión y periodistas llegarán pronto en helicópteros para traer ayuda y evacuar a las personas. Uno de ellos, se le acerca a Moira y Allison y las calma. Las invita a entrar al refugio para desayunar con lo poco que pudieron rescatar de los escombros.  

Matías llega a la playa y un grupo de personas lo reciben. Un señor le da una toalla para que se seque y una manta por el frío de la mañana. Matías lo recibe y se va acercando a la plaza con dificultad por los escombros que estaban en el camino. Sentado, ve un poco lejos a la posadera dueña del hospedaje en que su mamá y su sobrina se habían alojado. Instintivamente se levanta y camina rápido hacia ella. Cuando la encuentra, la toma del hombro y le da vuelta. Le pregunta dónde está su mamá y la posadera le dice que está arriba del cerro, en la casa de refugio. Matías la suelta y se dirige cuesta arriba.  

Moira y Allison entran y ven un tumulto de personas consagrándose alrededor de una mesa con una mixtura de alimentos que no necesariamente son parte de un desayuno tradicional. Entre ellos había atúnes, latas de cerveza y gaseosa, galletas, entre otros. Las personas que organizan la comida y las reparten son superadas en número por las que quieren recibir la comida. Allison le dice a Moira que deben ayudar al menos repartiendo la comida. Ambas se acercan y ofrecen su ayuda. 

Una señora le dice a Allison que vaya a recibir unos víveres que están llegando de los recolectores (grupo designado a buscar comida entre los escombros). Ella sale junto a otras dos personas y deja a Moira preparando sándwich de galletas con atún. Ya afuera, Allison ve tres personas con unas canastas improvisadas hechas de ropa y dentro de ellas más víveres. Matías, aún lejos, ve a las personas buscando entre los escombros y a otras subir y bajar la colina.  

Ya en la cima, Matías distingue de entre las personas a una señora de setenta años que levanta una caja con dificultad. Es su mamá. La llama por su nombre con un gran grito. “¡Allison!”, grita. Allison voltea y ve a su hijo empapado de agua con un polo medio roto y un bóxer en igual estado. Es su hijo. Ambos se acercan rápido y se saludan con un fuerte abrazo. Matías le pregunta por Moira y Allison le dice que está adentro ayudando a preparar el desayuno. Moira prepara un paquete de galletas con atún y escucha una voz conocida llamándola por su nombre. Es su tío. Sale de su puesto y se unen en un abrazo. 

… 

Matías le dice a Moira que estará bien y que cuide a su madre en el camino. A Allison le dice que vaya con Moira en el helicóptero que había llegado y que no se preocupe por él, que no es su turno de irse. Allison, con lágrimas en los ojos, acepta. Moira toma de la mano a su abuela y se suben al helicóptero. Moira se sienta y a su costado suben a dos cadáveres embalsamados. Moira no quiere verlos, pero es inevitable. El helicóptero sube, Allison se despide de su hijo entre lágrimas y Moira también llora. Un militar les entrega un folleto con indicaciones para abrir el paracaídas y les dice cómo abrocharse bien el cinturón y usar los audífonos para comunicarse.